¿Cómo hacer un certificado de autenticidad?
Vendiste una obra y el comprador te pide el certificado. Buscás un modelo en internet, encontrás veinte distintos, y ninguno explica qué tiene que decir realmente.
En esta guía analizaremos qué datos lleva, qué valor tiene y qué cambia cuando la obra es una edición.
¿Para qué sirve realmente?
Para que dentro de treinta años alguien pueda decir de quién es la obra.
No es un documento legal ni una tasación. No dice cuánto vale ni garantiza nada frente a un tribunal. Lo que hace es dejar por escrito, por vos, qué obra es, cuándo la hiciste y a quién se la vendiste.
Suena poco hasta que ves cuántas obras buenas terminan en un remate sin que nadie pueda decir quién las pintó. El certificado es lo que las salva de eso.
Por eso lo importante no es que se vea elegante sino que los datos sean completos y que el papel sobreviva.
¿Qué datos tiene que tener?
No muchos, solo estos:
- Tus datos. Nombre completo, y ciudad si tu nombre es común.
- La obra. Título, año, técnica, medidas.
- La imagen. Una foto de la obra, aunque sea chica. Es lo que hace que el certificado sea de esa obra y no de otra parecida.
- El número de obra, si llevás inventario. Es lo que conecta el certificado con tu registro.
- Una declaración corta. Que la obra es original y de tu autoría.
- Fecha y firma. A mano, sobre el papel.
Si la vendiste, agregá a quién y cuándo. Si preferís no dejar el nombre del comprador en el documento, guardá ese dato en tu registro y no en el certificado.
¿Hace falta que sea en papel especial?
No, pero sí conviene que sea papel que dure.
Un papel de algodón libre de ácido va a estar entero dentro de cincuenta años. Una impresión láser común sobre papel de oficina, quizás también.
La firma puede ir a mano y en tinta permanente, no en birome de gel. Si el certificado va a viajar con la obra, cuidado con plastificarlo, ya que no se puede volver a firmar ni anotar nada.
Hay papeles con sellos de seguridad pensados para esto. Están bien, pero resuelven un problema de falsificación que a un artista emergente no le aparece. Primero completo, después sofisticado.
¿Y si la obra es una edición?
Ahí el certificado deja de ser opcional y pasa a ser imprescindible.
En grabado, fotografía o cualquier múltiple, tiene que decir el número del ejemplar y el tamaño de la edición (ej. 3/10), y si es una prueba de artista, aclararlo. Sumá el papel y el montaje si son parte de la obra.
Y lo más importante: el número del ejemplar del certificado tiene que coincidir con el que está firmado en la obra. Si llevás bien el registro de qué números vendiste, esto sale solo. Si no, es exactamente donde se vende dos veces el mismo 3/10.
¿Con qué lo hago?
Con una plantilla de Canva o Word llegás bien, y hay modelos gratuitos dando vueltas. El costo es que los datos se copian a mano cada vez, y ahí es donde se cuela el año equivocado o una medida vieja.
Con Artium marcás la obra como vendida, asociás el cliente y el certificado sale en PDF con los datos del inventario, la foto, y el ejemplar correcto si es una edición. También sale el recibo de venta. Es gratis hasta 100 obras, y con el plan pago el documento lleva tu logo, tu firma y tu color en lugar de la marca de Artium.
Artium salió del taller de una artista que vendía obra y armaba estos papeles a mano, uno por uno. Si lo de esta guía te sirvió, la app lo hace por vos con los datos del inventario, sin volver a tipear nada.
Sea con lo que sea: hacelo el día de la venta, no cuando te lo pidan. El certificado que se hace tres meses después es el que seguramente lleve algún error.