¿Cómo hacer las etiquetas de una exposición?
La etiqueta de obra (también llamada cartela) es lo último que se hace y lo primero que se nota. Casi siempre se termina armando la noche anterior, en Word, peleando con los márgenes y perdiendo horas de tu vida.
En esta guía analizaremos qué va en cada una, de qué tamaño, y cómo evitar la noche en vela.
¿Qué datos lleva una etiqueta?
El mínimo que nadie discute son cuatro: autor, título, año y técnica. Con eso sola ya funciona.
Después vienen las opcionales, y cada una es una decisión:
- Medidas. Van casi siempre. Ayudan a quien está pensando dónde colgarla.
- Precio. Solo si la muestra vende. Si es institucional, no va nunca.
- Serie o colección. Útil cuando la muestra agrupa varios conjuntos.
- Edición. Imprescindible en grabado o fotografía (3/10, P/A). Sin eso, el visitante no sabe si está mirando una pieza única.
Lo que no va: el texto curatorial. Eso es un panel aparte, no una etiqueta.
¿De qué tamaño las hago?
Los tres tamaños que se usan en la práctica son 8 × 5 cm, 9 × 6 cm y 10,5 × 7,4 cm.
El chico alcanza cuando solo ponés los cuatro datos base. Si vas a incluir medidas, precio y edición, andá al mediano o al grande, porque apretar seis líneas en 8 × 5 obliga a bajar el cuerpo tipográfico a un tamaño que no se lee de pie a un metro de distancia.
Esa es la prueba real, y conviene hacerla antes de imprimir cincuenta: imprimí una, pegala en la pared y leela parado a un metro. Si tenés que acercarte, es chica.
¿Dónde se colocan?
La convención más extendida es a la derecha de la obra, a unos 10 cm del piso de la obra.
Lo que más importa no es cuál elegís sino que sea la misma en toda la muestra. Una sala con etiquetas a distintas alturas se ve desprolija aunque cada una esté impecable.
Si dos obras están muy juntas, la etiqueta va debajo de cada una en vez de al costado. Y en una pared con muchas piezas chicas, un solo panel numerado suele funcionar mejor que veinte etiquetas.
¿Conviene ponerles un QR?
Sí, y es lo que más rinde por lo poco que cuesta.
La etiqueta tiene lugar para cuatro líneas. El QR resuelve todo lo demás: la ficha completa, más fotos, el detalle de la serie, tu contacto. Quien quiere saber más, escanea. Quien no, ve una etiqueta limpia.
También sirve después de que la muestra cierra, que es cuando la gente se acuerda de una obra y no sabe cómo encontrarla.
Apuntalo a la ficha de la obra o a tu portfolio, nunca a tu Instagram. El perfil cambia, la obra queda.
¿Con qué las hago?
Con una plantilla de Word o Canva llegás perfectamente si son diez obras y las hacés una vez. El problema aparece cuando cambia un precio o entra una obra a último momento, porque hay que rehacer la hoja entera.
Con Artium seleccionás las obras del inventario, elegís cuáles de esos datos mostrar y sale el PDF listo para imprimir en A4, en los tres tamaños, con el QR apuntando a la ficha pública de cada obra. Los datos salen del inventario, así que si corregís un precio, la etiqueta ya sale bien. Es gratis hasta 100 obras.
Sabemos de qué se trata la noche anterior a una muestra, porque Artium se armó dentro de un taller y no en una oficina. Todo lo de esta guía la app lo hace por vos, para que esa noche la uses en otra cosa.
Sea con lo que sea: imprimí una de prueba y leela parado a un metro antes de mandar las cincuenta.